En cierta ocasión, un joven ciudadano, con bastante
dinero pero sin demasiada cultura, quería vender una de sus posesiones
"relegadas"...
Después de poner algunos anuncios publicitarios en la
finca, pero sin obtener siquiera a un posible comprador, decidió colocar un
anuncio en el periódico de mayor circulación de su tierra.
Su mensaje fue "breve" y "directo":
"Se vende casa chica en la periferia de la ciudad.
Informes al teléfono xxxx xxxx"
Para su sorpresa, nadie llamó. Al parecer, su mensaje no
tenía el tan apreciado impacto que requiere esa ley de "oferta y
demanda" que rige cualquier negocio...
Un tanto desanimado por el fracaso, aprovechó una cita
que tenía con sus compañeros para platicar con uno de sus amigos: se trataba de
un joven soñador, estudiante y con un gran sentido literario y del humor.
Después de enterarse del asunto, aquel joven amigo se
ofreció para publicarle un nuevo aviso.
Tomó una servilleta y, dibujando una gran sonrisa en su
rostro, usó la pluma que siempre cargaba en el bolsillo de su saco, y garabateó
unas cuantas letras.
Inspirándole confianza, alargó la servilleta a su amigo,
y éste leyó:
"Disfrute de una acogedora vivienda, ubicada a las afueras del arjetreo y ruidos de la gran ciudad. Ideal para su descanso y
recreación. Escuche por la mañana el canto de los pájaros y disfrute de la
brisa de los campos al caer el sol. Con gusto podré indicarle dónde acaba su
sueño y comienza su nueva realidad: Llame al teléfono: xxxx xxxx"
Ambos rieron y se despidieron.
Después de unos días, los amigos se encontraron, y el
joven literato preguntó a su compañero:
- Amigo, ¿pudiste vender tu finca?
A lo que el "vendedor inculto" respondió:
- No, amigo mío. Al leer tu escrito caí en la cuenta de
la riqueza que tengo olvidada. ¡Mi vivienda no se vende!
* * * * * * * * *
¿Te ha ocurrido algo semejante?
Constantemente ponemos en venta todo aquello que, sin
reconocer el real valor que tienen, consideramos "poco atractivo":
nuestra imagen o figura, nuestra autoestima, nuestras relaciones, nuestra
espiritualidad...
Necesitamos urgentemente a ese "amigo" que nos
ayude a descubrir la riqueza que a lo largo de los años hemos ignorado y
despreciado. Es necesario que pidamos a quien sí sabe escribir, que nos ofrezca
una "nueva y refrescante versión" de nuestro "aviso de
ocasión"...
Jesús es todo un experto... lee su Palabra...
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